Instalamos las mantas geotextiles en un tramo de 80 metros de la berma vial que bordea la traza ferroviaria. El terreno presentaba surcos de hasta 30 cm de profundidad después de cada tormenta, y el material granular se desplazaba hacia la vía. Colocamos el geotextil de alta resistencia a la tracción con anclajes pasivos cada 1,2 metros, siguiendo las especificaciones del fabricante.
Durante el primer mes registramos tres eventos de lluvia intensa. La escorrentía superficial se distribuyó uniformemente sobre la manta, sin formación de nuevos surcos ni acumulación de sedimento en la base del talud. El sistema de anclaje se mantuvo firme, sin desplazamientos visibles. La vegetación existente comenzó a rebrotar a través de la malla, lo que indica una buena integración con el suelo.
El aspecto más relevante fue la reducción del mantenimiento: antes de la instalación, era necesario rellenar y compactar la berma cada dos semanas. Con el geotextil, no ha sido necesaria ninguna intervención correctiva. La inversión inicial se justifica por la disminución de horas de maquinaria y personal. Para un próximo tramo, evaluaría aumentar la densidad de anclajes en las zonas de mayor pendiente, aunque el comportamiento actual es aceptable.